Historia del sabotaje eléctrico en Venezuela

Nota de la redacción: Entre el 7 y 10 de marzo de 2019, Venezuela, producto de un sabotaje focalizado en el cerebro informático de la principal central hidroeléctrica (El Guri, estado Bolívar), vivió la interrupción del servicio eléctrico más prolongada y extendida de su historia reciente. La brutalidad del ataque y sus impactos en la vida social del país, fue directamente proporcional a las agresiones que en la esfera económica, financiera y diplomática, atestigua el país de la mano de Estados Unidos y sus aliados desde hace varios años. Desde el inicio de un nuevo intento de cambio de régimen con la autoproclamación de Juan Guaidó el 23 de enero de este año, podría decirse que el sabotaje eléctrico representó la maniobra de fuerza más violenta y agresiva, pues alteró sensiblemente el funcionamiento normal de la sociedad venezolana en su conjunto y puso en evidencia que la guerra contra el país no discrimina entre afiliaciones ideológicas. Siendo así, el equipo editorial de Misión Verdad presenta una reconstrucción de esos momentos de oscuridad, en que la contingencia del país, las noticias falsas y la propaganda humanitaria, la interrupción y recuperación del servicio, los llamados a la violencia y la organización del pueblo y las familias, hicieron de cada hora en medio del apagón, una nueva batalla por la Paz y la convivencia, donde nuevamente ganó el chavismo contra las pretensiones de una guerra civil desde Washington.

El preámbulo: amenazas de intervención y el fracaso del “plan Guaidó”

La escalada de desestabilización contra Venezuela emprendida en esta nueva fase desde enero de este año, ha buscado empujar al país nuevamente a la guerra.

En medio de amenazas de intervención militar, el 23 de enero de este año, Estados Unidos y sus aliados reconocieron a Juan Guaidó como “presidente de la República”, pasando por encima de la Constitución venezolana y de los más de 6 millones de venezolanos que en las elecciones del 20 de mayo de 2018, le dieron la victoria a Nicolás Maduro.

En estos últimos dos meses se han profundizado todos los mecanismos de asfixia contra el país. Desde cuentas bancarias hasta activos de la República han sido congelados por parte del gobierno estadounidense. Sobresale entre estos casos, el bloqueo de 1.200 millones de dólares en oro propiedad de Venezuela en el Banco de Inglaterra y la confiscación de CITGO, filial de PDVSA en suelo estadounidense.

Se calcula en 30 mil millones de dólares el dinero venezolano que ha secuestrado Estados Unidos, que utiliza como excusa la “protección” de esos recursos para entregárselo al “gobierno” artificial de Juan Guaidó.

También se han acelerado los mecanismos de cerco diplomático y comunicacional, con el objetivo de aislar al país en espacios internacionales. Como en los trágicos casos de Libia y Siria, ambos países intervenidos por Estados Unidos, el uso de la diplomacia y la propaganda como armas de guerra, implican una mezcla explosiva y peligrosa.

Pero el plan ha sufrido varios fracasos. Uno de ellos tuvo lugar el 23 de febrero, día en que utilizando la farsa de la “ayuda humanitaria” intentaron generar un quiebre en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y así derrocar a Nicolás Maduro.

Ataque al sistema eléctrico nacional: datos concretos

Cerca de las 5 de la tarde del jueves 7 de marzo, se produjo una caída de los sistemas esenciales de suministro eléctrico en más de un 80% del territorio nacional. El apagón fue súbito y general.

El ministro de Energía Eléctrica, Luis Motta Domínguez, informó a la brevedad del evento que se trataba de un acto de sabotaje a la principal central hidroeléctrica venezolana en la Represa Guri, estado Bolívar. El presidente Maduro en su primera aparición ante el país informó que el ataque al sistema eléctrico nacional se produjo mediante tres modalidades.

La primera de ellas, mediante el hackeo del cerebro informático y los sistemas de control. Estos sistemas habrían sido invadidos por vía electrónica “dejando las pantallas de los computadores en negro”, indicó el Presidente. Para el día lunes 11, también indicó que los ataques se realizaron desde las ciudades estadounidenses de Houston y Chicago, sosteniendo que el propio gobierno estadounidense era responsable del ciberataque.

La segunda modalidad de ataque fue mediante el uso de aparatos de pulso electromagnético. Dispositivos altamente sofisticados de guerra electrónica, que apuntaron a los sistemas de transmisión y la plataforma de controles para inhabilitarlos, cuestión que generaría una sobrecarga del sistema y su caída.

La tercera modalidad de ataque sería de tipo física y en directo a las plataformas intermedias de distribución eléctrica. Hubo cinco ataques a cuatro subestaciones, con poco tiempo de separación entre cada uno de estos eventos, justamente los días en que se intentaba levantar y estabilizar el suministro eléctrico.

En medio del ataque, la revista estadounidense Forbes publicó una nota de Kalev Leetaru, donde afirmó que era “muy realista” la afirmación de que el gobierno estadounidense efectivamente lanzó un ataque cibernético contra el sistema eléctrico venezolano.

 

Las consecuencias físicas del blackout y los llamados a la violencia de Guaidó

Las consecuencias inmediatas luego de la caída de los sistemas y subsistemas eléctricos se vieron desplegadas de manera diversificada en el territorio nacional conforme el paso de las horas, generando situaciones serias de adversidad, incomodidad en la mayoría de los casos y resiliencia en muchos otros.

Diversos medios nacionales como El Universal y El Correo del Orinoco reseñaron en sus redes el colapso en la ciudad capital del tráfico vehicular, toda vez que la pérdida del fluido eléctrico ocurrió en hora pico. Resultaron detenidas las operaciones del Metro de Caracas y la población tuvo que trasladarse a pie o por otros medios para poder llegar a casa la noche del jueves 7.

La pérdida de la electricidad desembocó en el colapso de las plataformas y sistemas de pago electrónico, generando serias complicaciones para consumidores en todo el país en las horas siguientes al apagón. Esta caída sería extensiva en días posteriores, pues las plataformas bancarias vieron agotarse coyunturalmente sus servicios de autogeneración por generadores eléctricos al sobregirarse las horas de funcionamiento. Los puntos de venta colapsados, aunados a las deficiencias aún persistentes en el flujo de dinero en efectivo, complicaron durante los días viernes y sábado siguientes las compras esenciales entre la población.

También resultaron afectadas las ventas y manejo de bienes perecederos como las carnes y hortalizas. La Federación Nacional de Ganaderos reportó la pérdida de unos 2 millones de kilogramos de carne de res durante el apagón en mataderos y carnicerías. En los hogares, muchas familias optaron por hacer parrilladas y consumir lo antes posibles dichos alimentos.

En algunas ciudades con altas temperaturas las incomodidades fueron aún mayores, ciudades como Maracaibo, donde el uso de aires acondicionados es habitual, la adversidad fue superior a las de otras ciudades. El servicio de agua fue afectado en ciudades y poblados que dependen de bombas hidráulicas para su suministro. Una inmensa parte del territorio nacional.

 

Misión Verdad
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